Pobladores del caserío San Fernando, ubicado en la carretera a Bello Horizonte, sorprendieron a una pareja cuando intentaba ocultar un gallo y una gallina hurtados que ya habían sido sacrificados.
Según testigos, los moradores esperaron la llegada de la ronda campesina de Bello Horizonte para que interviniera en el hecho; sin embargo, los ronderos no acudieron al llamado.
Algunos pobladores advirtieron movimientos sospechosos y observaron al hombre y a su esposa escondiendo las aves muertas entre la maleza del monte. Fue en ese momento que decidieron intervenirlos.
Ante la evidencia, los vecinos retuvieron a uno de los acusados y le exigieron asumir el pago correspondiente por los animales sacrificados. Finalmente, el caso fue resuelto en la propia comunidad, sin la presencia de la ronda campesina.